La crisis humanitaria de los refugiados redes cristianas

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Una visión desde el budismo Nichiren y la Soka Gakkai de España

“Para lograr la paz del mundo no basta con los tratados que establecen los políticos o la cooperación económica que crean los líderes corporativos. La paz verdadera y perdurable se alcanzará únicamente mediante el establecimiento de lazos de confianza entre las personas en el nivel más profundo, en lo más recóndito de la propia vida”. – Daisaku Ikeda, presidente de la SGI.

Todas las personas tienen derecho a vivir felices. El propósito esencial del budismo Nichiren y de la Soka Gakkai Internacional (SGI) –la organización ciudadana que lo ha difundido y desarrollado en la época actual– es generar una amplia red solidaria de ciudadanos comprometidos en proteger ese derecho y, de esa manera, librar al mundo del sufrimiento innecesario.
En una colaboración reciente para The Japan Times en conmemoración del Día de los Derechos Humanos, el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, señalaba que a medida que la sociedad global se encuentra a sí misma atrapada en una convulsión política, económica, étnica e incluso religiosa, “resulta cada vez más urgente reconocer los abusos individuales a los derechos humanos como señales de alarma y tomar medidas proactivas antes de que éstos se conviertan en violaciones graves y a gran escala”.

Las personas tienden a evitar la interacción con aquellos que son diferentes. A ello se suma el papel, a veces poco responsable, de los medios de comunicación actuales que en ocasiones son utilizados para amplificar y difundir estereotipos y actitudes de odio. Nuestra pasividad o indiferencia no hace más que agravar la situación.

En este sentido, la crisis de los refugiados, que supone el paradigma más evidente de una cuestión de derechos humanos a escala internacional, está poniendo de manifiesto esta tendencia. Asimismo, la concepción misma de lo que significa ser humano está quedando en entredicho.

Es imperativo que recordemos y reflexionemos acerca de que “los refugiados” no son una entelequia ni una entidad abstracta. Estas personas, que viven con extrema incertidumbre en circunstancias desesperadas, son nuestros congéneres, seres humanos con nombre y apellidos, y no son diferentes de nosotros.

En relación con este aspecto fundamental para la vida y con el fin de incentivar un mayor respeto por la dignidad humana, Daisaku Ikeda propone tres pautas que pueden contribuir a contrarrestar esta progresiva tendencia hacia la deshumanización: compartir las alegrías y los sufrimientos del prójimo; tener fe en el potencial ilimitado de la vida, y defender y celebrar la diversidad. En especial, Ikeda enfatiza que el diálogo y la autorreflexión conducen a la empatía y a la construcción de una cultura de paz.

En una dimensión más amplia, la educación en derechos humanos, apoyada en los pilares de la empatía y el diálogo, puede abrir el camino para crear un entendimiento genuino y empático que se traduzca en acciones concretas y ser a su vez una herramienta clave para superar el racismo y la discriminación.

En una de sus recientes propuestas de paz ante las Naciones Unidas, el presidente de la SGI reflexionaba acerca de la “paradoja de las crisis humanitarias”, según la cual “cuanto más extremo es el sufrimiento de los pueblos, menos se los escucha”, alentándonos a prestar oídos a las voces de los afectados, poniendo de relieve su dignidad y su potencial intrínsecos, más que su deplorable estado actual, así como a “replantear nuestro mapa interior del mundo”.

Como propuestas concretas ante la alarmante situación de los refugiados y ante las necesidades de los países que los acogen, la postura de la SGI y la de su presidente, plasmada en la Propuesta de Paz 2017, apunta, entre otras ideas, las siguientes:

– que la ONU tome la iniciativa para desarrollar una nueva arquitectura de la ayuda que mejore la coordinación entre la asistencia de emergencia y el trabajo de desarrollo: una colaboración que dé respuesta a los desafíos humanitarios y proteja la dignidad humana. Esto podría incluir una formación profesional que permitiera a los desplazados forzosos trabajar en ámbitos que contribuyan a aumentar su resiliencia y promuevan el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en las comunidades de acogida.

– que la Cumbre Humanitaria Mundial exprese el compromiso solidario de todos los países para facilitar las actividades del Plan 3R (Plan Regional de Refugiados y Resiliencia de las Naciones Unidas) que vincula las operaciones de ayuda a los refugiados con el apoyo a las comunidades de acogida que reciben a personas desplazadas, por ejemplo, mejorando el suministro de alimentos y de agua potable, o los servicios de salud.

– que las Naciones Unidas realicen actividades de promoción de la educación en materia de derechos humanos para conmemorar en 2018 el 70º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, incrementando así sus esfuerzos para construir una cultura de derechos humanos.

Sin una solución real a la cuestión de los refugiados, que representa una crisis humanitaria de las más graves proporciones históricas, la paz y la estabilidad mundiales seguirán siendo inalcanzables, y el progreso hacia los ODS, con su filosofía de no dejar a nadie atrás, seguirá siendo también papel mojado.

Como añade Daisaku Ikeda en su Propuesta de Paz 2017, “el mundo no es simplemente una colección de estados, ni se compone únicamente de religiones y civilizaciones. Nuestro mundo real está tejido por los esfuerzos de innumerables seres humanos, que pueden tener pasados comunes pero que serán siempre irrepetibles entre sí. Ver y juzgar a otros solo a través del prisma de la religión o la etnicidad distorsiona la rica realidad que cada uno posee como individuo. (…) Este es el razonamiento que subyace bajo los constantes esfuerzos de la SGI para fomentar los intercambios entre la sociedad civil, particularmente entre los jóvenes, alentando a los encuentros cara a cara de los cuales brota la genuina amistad. Los lazos de amistad proporcionan la base para resistir las corrientes de odio e incitación en momentos de tensión entre países o tradiciones religiosas. (…) Es imposible que una marea creciente de amistad dentro de las generaciones más jóvenes no transforme la sociedad. Tengo la confianza de que la amistad entre los jóvenes transformará poderosamente las corrientes de la división y dará vida a una vibrante cultura de paz basada en un profundo respeto por la diversidad (…)”.

Inés Vázquez

SECRETARÍA DE ADIM
Avda. Pío XII, 51 – Madrid (España)
WEB: http://www.adimadrid.com/

http://www.redescristianas.net

 

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