COSTUMBRES

Sin lugar a dudas,  la Semana Santa es la fiesta más notable de daimiel. Más que las fiestas oficiales de la feria en el mes de septiembre, la semana santa aglutina a todos los daimieleños.

Pese a que la Navidad tiene la fama de reunir a la familia, es en estos días cuando retorna al pueblo la mayoría de los daimieleños que emigraron y residen en lejanas ciudades.

No seria exageración decir que durante este tiempo la población de Daimiel puede llegar a duplicarse.

Las diversas imágenes que desfilan estos días gozan de una gran devoción y sus fieles vienen cada año para contemplar a su Cristo, o su Virgen en procesión o para procesionar ellos mismos.

Así pues, la Semana Santa es la fiesta daimieleña por excelencia, la manifestación publica y popular del sentimiento religioso del pueblo. Este sentimiento se expresa mediante las celebraciones litúrgicas y los oficios y, sobre todo, mediante las procesiones, que son los momentos culminantes de estos días grandes.

La Semana Santa es un complejo hecho social que condiciona el comportamiento de los daimieleños tanto a nivel interno como a nivel externo.

Aunque en realidad hay pocas tradiciones típicas de estas fechas, si que la piedad modifica su conducta. Una costumbre bastante extendida, por ejemplo, es la de estrenar ropa el domingo de ramos, aquellas que se usara luego el resto de la Semana Santa, pues hay que salir impecable.

Ya lo dice el refrán popular: “Quien no estrena el Domingo de Ramos, no tiene ni pies ni manos”. Tal es apego del daimieleño por su cofradía que desea ser enterrado amortajado con su túnica.

Y nada mas nacer su hijo, una de las primeras cosas que hace es apuntarlo a la cofradía. Aunque esta extendida la costumbre de pertenecer a varias cofradías siempre es por una de ellas por la que mas afecto se siente.

En los últimos tiempos se están estableciendo una serie de costumbres que no podemos exactamente “tradicionales”, pero que se repite año tras año. Por una lado, tenemos las bajada del Cristo de la Expiración el Lunes Santo en la iglesia de Santa María, momento solemne en el que se desprende al cristo de la pared para realizar su besapíes y posterior subida y colocación en su trono.

Acto en el que concentra gran cantidad de hermanos y fieles. Igualmente en estos últimos años también esta tomando mucho auge ir a visitar a Nuestro Padre Jesús Nazareno en el momento en que es bajado de su hornacina para posteriormente, después de ser vestido, ser colocado en su trono.

Asimismo, desde año 1998, se celebra el “besamanos” a Nuestro Padre Jesús Nazareno, el sábado antes del comienzo del Septenario. También es habitual encontrar personas orando “ante el refugio”; ventana desde la cual se puede contemplar la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno durante todo el año.

Antiguamente las mujeres desfilaban con la típica mantilla. Esta ha sido una tradición que durante años se mantuvo por Doña Gregoria López-Astilleros Torres y que en los últimos años esta volviendo a resurgir.

De igual manera desde el año 2004 se bien realizando el viernes antes de la realización del septenario, la bajada de Nuestra Señora de la Soledad en un acto solemne y sencillo, para después pasar a colocarla en su trono.

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