ORÍGENES

La Semana Santa, tal y como hoy la conocemos, tiene sus antecedentes mas remotos en las predicaciones en torno a la penitencia que debían celebrar los cristianos para conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Hasta el siglo XII estas predicaciones eran realizadas por frailes y monjes, para adoctrinar al fiel, pero a lo largo de la Edad Media los laicos irán reclamando una participación mas directa en las manifestaciones religiosas.

Demandan una vida penitencial mas profunda, y es este el motivo por el que empiezan a surgir las primeras cofradías, que siglos mas tarde serán el principal vehículo de propagación y difusión de la Semana Santa. Las primeras cofradías de las que se tiene noticia nacen con un doble carácter gremial y religioso-benéfico. Etimológicamente la palabra “cofradía”, proviene del latín “cum”(con) y “fraternitas”, (fraternidad o hermandad).

En su origen, se trato de una confederación de personas unidas para defenderse de otras instituciones sociales mas poderosas, generalmente se reunía la gente con el mismo oficio. Estas cofradías rendían culto al patrón que ellos elegían, que mejor respondía a su profesión, y el día de su conmemoración celebraban la fiesta con actos religiosos y lúdicos. Las cofradías en su vertiente gremial tenían una organización de ayuda y asilo a sus integrantes. En su vertiente devocional demandaban una mayor participación en la vida religiosa de la ciudad, de aquí que empiecen a integrarse en las mismas todas las clases populares, como germen de las actuales.

Uno de los cultos más importantes que guardaban estas cofradías era el de la exaltación de la Vera Cruz, a través de la conmemoración y escenificación de la Pasión de Cristo esto es, mediante penitencia y sacrificio, de aquí que el verdadero germen de la Semana Santa se encuentre en las cofradías penitenciales, unidas a las de flagelantes.

Los flagelantes constituyeron un movimiento popular que surgió en toda Europa, provocado por la peste negra de 1348, imitando la flagelación que sufrió Cristo, para pedir súplica a Dios. Con el tiempo estos grupos fueron extinguiéndose sobre todo por su carácter violento y de crítica social. Las primeras noticias que se tienen de la celebración de actos procesionales de penitencia, se deben a la cofradía
día de la Vera Cruz.

La falta de documentación conservada sobre nuestro pueblo nos hace remitirnos a la bibliografía especializada que de modo general ha tratado este tema a escala nacional o regional. Todos los indicios nos hacen pensar que la celebración de la Semana Santa en Daimiel siguió un proceso similar al de otras poblaciones manchegas que se vieron influenciadas por los grandes centros urbanos de Castilla y Andalucía, donde las celebraciones de Semana Santa estaban mucho más arraigadas. Desde la Edad Media, las gentes de esta zona, llevaban implícito, como condición, una religión popular muy arraigada. Es de suponer que las festividades religiosas impuestas por la iglesia se seguirían de una manera fiel y continuada, como es el caso de la conmemoración de la Pasión de Cristo. Esta fiesta principal, estaría acompañada de otras celebraciones secundarias de carácter local, como por ejemplo, las fiestas patronales, que a su vez llevaban aparejadas la creación de cofradías que serán las encargadas de organizar y realizar los actos, tanto litúrgicos como lúdicos. Estas, al margen de la celebración de la fiesta de su titular, en conjunto, serán las encargadas de llevar a cabo la preparación y rememoración de la Pasión de Cristo, que con el paso del tiempo desembocará en la Semana Santa no obstante cada zona o cada pueblo ha conservado una serie de peculiaridades propias de su cultura popular vigentes aún en el medio rural.

El siglo XVII fue el momento de mayor apogeo del arte procesional en España. Todas las cofradías, por pequeñas que fueran, y pese a las carencias económicas, intentaban poseer imágenes de gran calidad, recurriendo a los mejores imagineros. Durante el siglo XVIII se continúa con esta tendencia, aunque se atiende más a la restauración y recomposición de las imágenes existentes. En estos siglos nos encontramos con la fundación de  otras cofradías penitenciales bajo diferentes advocaciones, Jesús Nazareno o Nuestra Señora de la Soledad entre otras, que desarrollarán con el máximo apogeo la Semana Santa barroca de Daimiel.

Las cofradías en crisis. Finales del siglo XVIII y primera mitad del siglo XIX. Las causas de esta crisis no hay que buscarlas solamente en las nuevas ideas religiosas que traen el rey Carlos tercero y su equipo de gobierno, sino también en el interior de las propias cofradías, en Su marcha y organización. de la ausencia de austeridad y disciplina, del aumento del bullicio y la tiesta profana, cada vez más presente en ellas”. Ya en reinados anteriores se había intentado ejercer un control más directo sobre estas asociaciones entre las Cuales había surgido un poder contrario a la Corona, ya que estaban siendo controladas por la burguesía para su ascenso político. Por otra parte, la lglesia también lucha por su control ante el progresivo deterioro de sus atribuciones. Por tanto, durante el reinado de Carlos tercero, se suceden una serie de leyes restrictivas sobre las actuaciones y funcionamiento de las cofradías.

Durante la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, junto con el esplendor demográfico y económico de Daimiel, la conmemoración de la Semana de Pasión, recobra especial fuerza, sucediéndose años de mayor auge que significan una nueva época de oro en el desarrollo histórico de nuestra Semana Santa. La revitalización de las cofradías penitenciales se deja notar en las actividades que se llevarán a cabo en estas fechas, principalmente, en la celebración de las procesiones que poco a poco irán recuperando su esplendor y vistosidad mediante la adquisición de nuevos y costosos “pasos de misterio”, vírgenes y otros atributos procesionales que sustituyen a los antiguos o los complementan. Se introducen las bandas de música como elementos que dan solemnidad a dichas celebraciones. que en este período se fundan nuevas cofradías penitenciales y se introducen los “Vía Crucis” pasionales. De esta forma las celebraciones de Semana Santa se amplían desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, ocupando cada una de las cofradías su sitio cronológico dentro de la sistematización narrativa de la Pasión de Cristo.

Tras la Guerra Civil, etapa de ingrato recuerdo, en la que desaparecieron la mayoría de esculturas religiosas pasto de las llamas y destrucción, la Semana Santa de Daimiel experimenta un gran auge y desarrollo, no sólo con la ampliación de procesiones, sino también con el nacimiento de nuevas cofradías que conformarán la Semana Santa actual. Todo ello gracias a la devoción popular, de un pueblo, por sus imágenes y tradiciones más antiguas. Además se contó con la inestimable ayuda de la recién constituida Comisión Pro-Semana Santa en 1941, que logró, hombro con hombro con las cofradías, establecer de nuevo, en poco tiempo, las celebraciones de Semana Santa.

Fotos: José Luis Ruiz-Valdepeñas Noblejas